Bienvenidos, fanáticos del mundo, a una nueva temporada de la Premier League. Fútbol de galera y bastón. De alfombra roja. De talento, dinámica y sorpresa. La mejor liga del mundo no tiene a Real Madrid, Barcelona, Bayern Munich o Paris Saint-Germain. Tiene estrellas, pero no tiene a todas. Lo importante, en el campeonato británico, está en la competencia: nada está concentrado. Es el verdadero fútbol para todos, con atractivo arriba, abajo o en el medio. Y esa profundidad se desparrama, como consecuencia, a las competencias europeas.
Arsenal, último campeón, Manchester City, Liverpool, Manchester United, Chelsea, Aston Villa, Newcastle, Tottenham y Brighton integran una franja de clubes con planteles, infraestructura y recursos suficientes para competir en el máximo nivel. Algunos lucharán por el trofeo de campeón, otros buscarán entrar a las copas y varios atravesarán etapas de reconstrucción, pero ninguno representa un trámite cuando toca en el calendario.
Ese es el primer rasgo que separa a la Premier League de sus competidoras: la exigencia no se concentra en cuatro o cinco partidos importantes. Se distribuye a lo largo de las 38 fechas.
La calidad de arriba abajo
Las principales ligas europeas cuentan con una elite reconocible. La Liga tiene a Real Madrid, Barcelona y Atlético de Madrid, la Bundesliga gira alrededor de Bayern Munich y sus perseguidores, la Serie A tiene al Inter, aunque conserva una amplia tradición táctica y varios aspirantes, la Ligue 1 posee al poderoso Paris Saint-Germain. Inglaterra, en cambio, agrega una segunda y hasta una tercera línea de equipos capaces de incomodar a los candidatos.
No lo decimos nosotros en ESPN.com: es algo que pasa muy seguido. Un club de mitad de tabla puede contratar figuras internacionales, incorporar entrenadores de primer nivel y sostener un ritmo físico que obliga al favorito a jugar con máxima atención. Incluso los recién ascendidos acceden a ingresos que les permiten competir en el mercado con instituciones históricas de otros países.
La consecuencia se observa cada fin de semana. No alcanza con administrar energías ni con esperar que la diferencia individual resuelva el partido. Una mala salida, una presión superada o una pelota parada pueden cambiar el desarrollo ante cualquier adversario. La distancia económica entre los grandes y el resto existe, pero es menor que en otras competencias.
El poder económico de la Premier League
Los derechos de televisión transformaron a la Premier en una potencia financiera sin equivalencias. Su alcance internacional, los contratos comerciales y la distribución de los ingresos construyeron un ecosistema en el que los veinte participantes pueden acceder a futbolistas de mercados muy diferentes.
El dinero no garantiza buenas decisiones ni títulos. Manchester United y Chelsea demostraron durante distintas etapas que gastar mucho también puede conducir a planteles desequilibrados. Sin embargo, la capacidad económica eleva el piso de la competencia: permite contratar mejores jugadores, formar cuerpos técnicos numerosos, invertir en análisis de rendimiento y reforzar posiciones que en otras ligas quedarían descubiertas. El que no gana mejora para el año próximo... o mejora a algún rival con una transferencia oportuna.
La Premier ya no incorpora solamente a figuras consagradas. También capta a buena parte de los talentos que sobresalen en España, Alemania, Italia, Francia, Portugal, Países Bajos y Sudamérica. Para muchos futbolistas, llegar a Inglaterra representa el siguiente paso deportivo y financiero de sus carreras.